domingo, 27 de octubre de 2013

El "paralelismo" de mi amigo Fabián

Fabián es un chico de unos 20 años, que conozco desde bien pequeño. Es un chico más bien bastante flaco y de estatura media. La verdad es que desde que lo conozco es un chico que en el fondo es tierno pero siempre intenta ir de duro, lo típico en estos tiempos. Es alguien que cuando le conoces, a simple vista, es eso, un chico simple. A Fabián, entre otras cosas, le encanta viajar, ha estado ya en muchos países a su corta edad pero siempre me trae buenos recuerdos de cada uno de ellos. Era un chico que de pequeño había estado en un colegio bastante humilde, con compañeros que a la mínima se reían si algo se salía de lo normal, aprendió entre peleas, risas, insultos, pero bueno, sé que él nunca se metía por medio. Aprendió mal, de insultar a gente diferente. Siempre me decía lo que decían los demás, decía: -Mierda de moros... son mala gente. Esos maricones también. Mira ese yayo, vamos a reírnos un rato. Él siempre hacía cosas así, pues bien, no se quería sentir solo, ¿y quién sí? Pues emprendió esa moda y manía que al final, se fue haciendo más normal en su cabeza y pensaba yo, joder, cuando sea más mayor aprenderá seguro, es buen chico. Era el chico que se juntaba con los gamberros, pues no se podía perder popularidad, pasara lo que pasara. Aunque supiese que estaba mal, esos recuerdos los guardaría siempre dentro, estoy seguro. Y es que siempre pensaba la misma frase: "El niño con suerte puede salir del barrio pero el barrio pero el barrio permanecerá por siempre en el niño." Una y otra vez, por muchas pelotas coladas, por muchas peleas, robos, etc. él siempre pensaría igual aunque nunca lo dijera, estaba orgulloso de su barrio, hasta que la muerte los separara. Aprendió lo duro de todo ahí, en el cemento y en el asfalto de sus parques, con sus pelotas, con sus piedras, sus puños y su furia, y que se atreviera alguien a decirle alguien a los demás. Fabián, era un amigo al que siempre le encantaba jugar al fútbol, entre otros deportes, claro. Fabián solo vivía para eso, si estaba en el parque jugando era solo para pensar en eso, para hablar no había que parar la bola, a seguir jugando, chutando, perfeccionando, no se rendía, aprendió así. Probaba con las dos piernas, desde 20 metros, a darle a las letras de los grafittis del barrio, pases altos, bajos, izquierda, derecha, control, regate, por arriba, por abajo, esconderla, medir la distancia perfecta entre el compañero y el pase, el cacho de asfalto en la retina lo tenía, si caía volvía encima del contrario a que sintiera su resuello al lado, a cada momento, su cuerpo, al lado para robarla, la posición para disparar, era muy bueno y podía llegar a más si se proponía engordar, pero qué va, solo jugar. Su padre siempre estaba encima mirándole y si le decía que llegara a las 9 a casa, él subía a decirle que eso no podía ser, que había un rival con el que dejarse la piel, si hay que no cenar no se cena, lo primero es lo primero. Siempre intentaba calmarlo pero me decía que cuando estaba solo lloraba por no haber llegado más lejos, por no haber robado aquella o haberse esforzado un poco más. Aunque fuera muy alegre y a veces vividor, ahí no podía ni parar. De golpe, crecimos y ya me conoció jugando en otros sitios. Me preguntaba siempre por qué jugaban todos así, a veces tan a lo loco si lo bonito era hacer espectáculo, ahí ya noté que algo había cambiado. Pero siempre se excusaba diciendo, es que no la tocan bien, tío, solo tienen físico y eso era verdad, todo había cambiado de repente. Me contaba siempre que había visto un equipo que cambió la forma de jugar, poniendo más presión y haciendo que el contrario no la juegue, por tanto, más cansancio, sonaba muy inteligente y bonito, pero luego no lo era tanto, la tocaban a 70/80 metros de la portería, pero bueno, decía, se puede jugar de cualquier forma, luego lo que importa son los resultados y la forma de jugar, puede ser como sea, puede gustar o no gustar, pero pienso que la gente que entiende pensará como yo y ya sabes como lo veo Miguel. Yo bueno, pues callaba, solo me fijaba en él, era todo extraño. Se notaba que Fabián había practicado toda la vida la técnica, pero había perdido el poco físico que tenía y cada semana repetía que esto no podía ser y esas noches de domingo no podía dormir más de 4 horas. Se enfadaba cada día más con los contrarios, parecía que al ver ese juego de aquel equipo se había pegado, sin la misma calidad pero la misma presión, pegando más patadas y es que supongo que Fabián acertaba, él pensaba que tenía mucho que ver la crisis, que la gente iba a desahogarse, si había que pegar se pegaba cuando nunca lo había visto yo. Fabián parecía tener razón en muchas cosas y yo le hacía caso, él perdía las ganas y a mí se me enganchaba esa sensación. Recuerdo que cuando Fabián era pequeño le gustaba solo escuchar pocos tipos de música, aunque con el tiempo cambió mucho, le gustaba escuchar de todo, prácticamente todo, todo aceptable. Un día, hace poco, me dijo que "no entendía ese afán que tenía la gente en contra de algunas culturas musicales, o bien porque gritaban o bien porque ponían en evidencia a mujeres, que eso ya son otras cosas, que todo lo demás, desde su punto de vista era racismo", yo pienso que estaba en lo cierto. Y es que hubo un día que coincidimos en otra cosa más, es que en la zona geográfica donde vivíamos, se había puesto de moda algo que era como defender lo propio atacando a lo ajeno al máximo pero dentro de unos límites para que no se pudiera decir nada en contra y todo callando y aprovechando la oportunidad justa que siempre surgía. Siempre se intentaba atacar a los demás a partir de una acción y eso ya favorecía al que lo decía. Pudiendo insultar sin decir cualquier palabrota pero sí con otros términos más despectivos aún. Mi amigo y yo odiábamos eso, pero bueno, si se dice algo pasa como dice la frase que "por matar un perro te llaman mataperros". Como una ave carroñera en una de las fotos más importantes de la historia esperando a su presa, un indefenso bebé a punto de morir por culpa del hambre. Como el perro del hortelano, sin atacar pero sin dejar de atacar. Cómo odiamos a esa gente que aprovecha los malos momentos de otra para ganar su objetivo. Y las chicas, ¿qué puedo decir acerca de las chicas que le gustan a Fabián? si es que le gustan casi todas, a él qué le importaban si estaban o eran de cualquier manera, él las quería, pero claro, nunca me negaba que le encantaban las de ojos azules y con la voz dulce y simpáticas, está claro, a todos supongo. Era un enamorado de las mujeres, siempre me preguntaba cómo podía haber gente que les pegara, pasara lo que pasara, eso no podía ser, pero bueno, no quiero entrar más, no hay mucho que hablar. En los estudios Fabián era un hacha, era pequeño y era el más atento de la clase, aprobaba todo y siempre dejaba sorprendido a todos y cada uno de ellos, lo veía en otro nivel, aunque igual eran ellos los diferentes, nunca se sabe. A Fabián le encantaba hablar siempre bien de su país, él era español y solo odiaba esos gobiernos y banqueros que hay en todo el mundo y que en algunos sitios atacan peor o mejor. Siempre pasábamos noches tranquilos charlando acerca de nuestra música, nuestra gastronomía, nuestro arte, nuestra longevidad, nuestra dieta Mediterránea, nuestras playas, nuestros bosques, nuestras montañas, nuestras ciudades, nuestro idioma, todo nuestro patrimonio, nuestros famosos, nuestras atracciones turísticas, el carácter latino que nos une con el Mediterráneo y el Caribe/Sudamérica, nuestras mezclas de razas, gitanas, del este, asiáticas, árabes, indias, americanas, etc. y un sinfín de razones acerca de nuestra gran cultura. Parecía todo un auténtico paraíso si no fuera por un montón de gente. En fin, pienso que siempre hay que quedarse con lo bueno, si no, mal vamos. Aquí llega el momento que Fabián, "mi amigo del alma", me dejo boquiabierto. Me dijo: - A mí me da igual qué piensen de mí, si intento dar positividad, ver todo de color de rosa o al menos la mayoría para que todo vaya a mejor soy un "marica" y vividor, si paso de todo, es porque me da igual todo y soy un "pasota", si me pongo en contra de alguien e insulto soy mala persona, si digo que soy feo, dicen que es para ir de víctima, si digo que me estoy poniendo en forma, que voy a aprobar todo es que voy de crecido y siempre se intenta sacar lo peor para que no pueda conseguir lo que los demás desean. Miguel, te voy a decir una cosa, he nacido con un espíritu enorme, nadie me va a quitar lo que es mío, yo me manifiesto por lo que es mío, el que no quiere es un puto flojo de mierda, "marica", que pasa de todo y que luego va de víctima publicándolo por las redes pero sube fotos de sus bíceps. Eso es un puto marica, ¿no dices tanto? pues lucha un poquito por tus sueños, que luego puedas conseguirlos o no es otra cosa pero que nadie te pueda decir que no has luchado por muy filosófico que queda, lo tuyo es tuyo y punto. Me da igual todo qué piensen de mí, pero si vas a leer algo mío, si vas a opinar algo, te hace falta entender o conocer un poquito, no hace falta ser un crack y que te preocupe algo. Como dice un cantante, yo puedo decir cosas, pero es pa' divertirse, es todo pa' pasarlo bien, es mi forma de escribir, yo hago otros planteamientos a los de otros, ni mejores ni peores y si lees, es pa' disfrutar como el que juega un partido de baloncesto, no es pa' darle vuelta ni quiero hacer mejor como persona a nadie, yo quiero que la gente se divierta y punto. Vivir para eso. A mí qué coño me importa si me cuesta más pronunciar una letra, si me cuesta más tirar a portería, si me cuesta más estudiar, yo solo quiero estar con mis amigos, sin mariconadas, pero que haya afecto y cariño, risas, lo mejor posible, que el milímetro de la bamba sea el perfecto para que vaya al milímetro más alejado del portero entre los tres palos, escuchar la canción perfecta para cada ocasión, esa música tan perfecta, de cualquier estilo, era mi vida y finalmente tener una chica, ojú, esa chica tan chiquita que conocí en el cumpleaños aquel de ojos azules, llevarla de paseo por Barcelona y cogerla de la mano, acurrucarla a mi hombro y decirle que algún día llegaremos nosotros allí juntos de la mano, señalando al horizonte, tenerla para siempre pero como si fuéramos dos enanos, viviendo por y para reír, sé que no todo es perfecto pero si se intenta al menos unos cuantos sueños se van a conseguir y por último ir con esta chica, ella con su sombrero, con esa media sonrisa de niña mala, diciéndome que qué malo soy. Coger la palma de la mano y pasarla desde la nariz a los labios y señalarle que se quede en silencio que ese viaje iba a ser nuestro y para siempre. Fabián podrá ser como sea, pero a mí, en aquel momento, casi me entran ganas de llorar, con lo difícil que era, me estaba poniendo ya "marica" jaja pero me entraron ganas de abrazarle un rato y decirle que no está solo, que llegará mucha felicidad pronto, que será para siempre mi "amigo gemelo".

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