domingo, 6 de octubre de 2013
Viajando voy
Y de repente, todo empieza en 1998 aproximadamente, un billete de avión a Mallorca me lleva a emprender esta "nueva vida". Tan solo dos o tres imágenes sueltas.
A veces me preguntaba el por qué de acompañar a mi tío en su taxi, yendo por media Francia, recuerdos de aquel día en el que dormiste en un sofá junto a un desconocido en un chalé francés apartado de todo lo demás, perdido por los campos. Viendo a cada momento un río por casi cada pueblo, yendo también con mi hermano, eligiendo unos macarrones con queso, precisamente roquefort, y sin tener idea de decir que no me gustaba. ¿Quién me iba a decir algo de Francia positivo para que me gustara aunque fuese un poquito?, con todo lo que había pasado, si ya mis padres se habían dejado la espalda ahí por un jornal mientras les trataban como inferiores. Seguía el por qué.
También iban y venían los contínuos viajes al pueblo, una pequeña aldea en la nada en la província de Granada, el trayecto del cual, para llegar siempre parábamos en un hotel restaurante en el pueblo de Torreblanca (Castellón). Todo era un por qué. Al estar allí lo sentía, era algo mágico, el récord de 17 personas en la puerta de la iglesia, echando la noche con bromas, chistes, pilla-pilla, fútbol. El día que llegaba la feria y aquellos viernes que significaban pizza y Coca Cola, no podía pedir más. Llegaba la fiesta mayor del pueblo importante de al lado, era un auténtico espectáculo ir a tomar unos pinchitos con tu refresco, joe, qué sabores.
Llegaba la mañana y había que sacar a las ovejas, con los perros y también por las tardes con la raja de melón y un poquito de jamón de la tierra que no falte justo después del chapuzón en la piscina y tu rato de consola. Buf, que alguien me pellizque, si no era ningún palacio donde estaba pero era "mi palacio". Seguía el por qué.
De repente, te vas haciendo un poco más mayor, llegan los viajes de fin de curso, aquellos recuerdos con las canoas, con las bicis por el Delta del Ebro y aquella noche de discoteca donde empezaba a hacerse famoso el Reggaeton con Pobre Diabla, Dile, Obsesión, etc. Pase lo que pase que no me quiten esto de la cabeza. Seguía el por qué.
Dos años más tarde, viaje de fin de curso a Valencia, ciudad de las artes, espectacular principalmente la noche en la habitación, aquella en la que estábamos 10 niños metidos en una habitación pequeña, qué frío, pero qué bien estuvo con los gritos, paseos, juegos, en fin, cosas de niños. Seguía el por qué.
Al año siguiente las cosas ya cambiaban, iba a una de las ciudades más importantes del mundo, París. Impresionante todo, ¡cómo me gustaba todo lo de aquella ciudad! Los recuerdos de la subida a la Torre Eiffel, DisneyLand, la catedral del Sagrado Corazón, etc. Pero bueno, lo más importante, ya empezabas a sentir cosas en el estómago por las chicas, era raro pero aprendías de todo. Pasaron muchas cosas espectaculares, quizás la que más recuerde fue la vuelta en avión todos con dolor de oídos pero gritando tonterías de niños. Poco más de un mes después nos fuimos pa Madrid a visitar la familia y ver un partido de mi equipo favorito en la capital, lo poco que vi de la ciudad me enamoró, aunque en el partido no hubo tanta suerte, los recuerdos están en fotos y se repetirá. Seguía el por qué.
12 meses más tarde llega Italia, las ciudades de Pisa, Verona, Florencia, Venecia, el pueblo de San Gimignano, todo me sorprendió muchísimo, especialmente Florencia y Venecia, arte, arte y más arte. Igual no fueron las mejores que pasé con la gente pero bueno, aquellas ciudades cambiaban hasta el ánimo. Hay que recordar el momento en la habitación con aquellos 4 amigos haciendo bromas con agua y también la pillada en el lavabo a uno de ellos por parte del profe, ay las risas que cayeron... jajaja. La ducha aquella de aquél mismo justo cuando estaba esperando el bus en la puerta del hotel y llegábamos ultratarde, no sé si ahí o en París pero nunca olvidaré eso.
En aquel mismo año, me dirigí a Chipre, una isla que no estaba nada mal, de la que me llevé muchos recuerdos con la gente. En aquel mismo viaje, hicimos escala en Praga... pues hacía calor, eh... todo el día a -1ºC y a las 4 de la tarde era de noche, pero me enamoró aquella ciudad, no era muy grande pero el centro histórico me pareció de lo mejor que había visto. A las 11 de aquella misma noche partimos ya hacia Chipre con mi hermano. Aunque él llegó un día tarde por problemas de pasaporte de una chica extranjera, vaya... ¿Qué haría yo con tanto desconocido en Chipre, perdido en el Mediterráneo, si era tan tímido y mi nivel de inglés era peor que el de Ana Botella? Bueno, 5 de la mañana y aterrizamos en Larnaca después de mi primer viaje en primera clase dónde había comido un bocadillo que era masa de chicle, vamos, pero bueno, estaba pagado ya.
La mezcla de razas me gustaba, se puede convivir allí, es todo un poco diferente pero bien, está bien. Aquel partido de fútbol que aún no entiendo por qué estábamos en una pista de futsal 25 chipriotas y un español metidos, que no te podías mover casi pero bueno. Aquel recuerdo de aquella noche en el que ibas detrás en aquella calle oscura con 4 o 5 chipriotas por delante hablando en griego, te sientes muy muy raro, pero me encantó, fue algo único, eramos como familia sin apenas conocernos, lo reconocía por aquel brazo que pasaba por encima diciéndome: - Ya te invito yo, amigo. Eres el invitado.- Fue un muy buen trato el de allí, se puede decir lo que sea pero conmigo fueron muy hospitalarios. Aquella noche que fuimos a una coctelería y me aconsejaron probar "Sex on the beach". Buah, me enamoré, no sé si por la noche que pasé, por lo dulce que estaba, lo grande que era, compañía, no sé, pero entre eso y la vuelta andando a casa mientras hablaba con este chico que no daba dos pasos iguales y que no parábamos de reír. Y cuando aún nadie de mis amigos tenía carné, eramos pequeños y estos eran más grandes, me parecía un cuento el que llevaran coche ellos, todo parecía un cuento, lleno de gracias y chistes mientras íbamos todos juntos y de repente se desvanecía de golpe cuando les dejábamos y siempre se repetía, desde entonces cada noche que salgo con los amigos y me siento solo con ellos me dan esas ganas de llorar de alegría.
Ese mismo verano me esperaba la ciudad de Granada, madre mía...la Alhambra desde fuera y alcanzar la cima del Mulhacén con tu hermano mientras en aquellos días escuchabas lo que más te gustaba, el flamenco de la tierra, ¡qué arte! Seguía preguntándome otro año más el por qué, qué extraño...
Unos meses más tarde me iba a Italia a reencontrarme con un viejo amigo que ya había venido a mi casa, de intercambio. Me dirigía con mi "hermano" para allí. Este viaje está lleno de más casualidades aún. Empezaba todo con el volcán en Islandia del que tanto se habló, vaya casualidad, nos dirigíamos al norte de Italia, cerca de Génova y por eso, tuvimos que ir hacia Roma en avión y desde allí en tren, buf, vaya recuerdos, 6 horas de tremenda calor en un tren, viajando por media Italia, después de haber visto ese mediodía la estación de Roma y el Coliseo y más por fuera. Al llegar allí, eran cerca de las 10 de la noche, me reencontré con mi amigo, nos dirigimos nosotros y mi "hermano" con el chico que le hospedaba a la calle y de repente vemos que saca la llave y teníamos un cochazo para hacer locuras y vaya que si las hicimos. La verdad es que no paramos de reír, ¿para qué quiero más? Ojalá se vuelva a repetir algo así y por supuesto, se repetirá. Aquel partido de fútbol playa en aquella arena dorada, no parábamos de gastarnos bromas, siempre los 4, conduciendo por enmedio de la carretera, cuando comíamos la liábamos y siempre nos pasaba alguna anécdota. ¿Cómo nos íbamos a olvidar de las chicas? No podíamos parar de hablar sobre ellas, era una alegría volver a verlas y más si eran así de simpáticas y guapas. No había nadie con quién no nos hiciéramos fotos o habláramos, así que estoy muy orgulloso, ¡cómo lo disfrutamos! aquel intercambio de culturas enseñando los bailes típicos de cada cultura, hacía una pequeña familia, aunque no nos vayamos a ver más algunos, seguro que no se olvidará nadie. Espero que mi "hermano" se acuerde de aquel día en el restaurante que tampoco parábamos,¡cómo aprendimos en aquel viaje también! De repente llegó mi mayor por qué, una noche en la cual estábamos en aquel instituto celebrando el intercambio se habló de hacer una fiesta en la playa los 4, pasó una de las mayores desgracias que podían pasar, se acabó ir con mis dos amigos y mi "hermano", se murió el padre de mi amigo y tuve que cambiar de casa de hospedaje, donde dormí poco y mal, no podía parar de pensar en lo que había pasado, me esperaba una de las mejores noches de mi vida con la gente que más lo deseaba y pasó eso, eramos familia prácticamente, aquello me volvió a separar de mi "hermano" y tuve que ir con el otro grupo del cual no había más que un español o dos y bueno, mi nivel de inglés... ¿qué coño hacía ahí? y no paraba de sonar en mi cabeza una canción sobre de lo bien que se está en casa.
De vuelta pasamos por las afueras de Mónaco y fuimos al aeropuerto de Marsella de regreso a Barcelona. ¿Quién me iba a decir que lloraría aquel día tanto por esa gente que no conocíamos casi? Además, casi nunca lloraba, rompí de repente mientras me aguantaba mi "hermano" y lo que me ayudó. Gracias por todo aquello y si te acuerdas, aquel momento al lado de la playa que parecía de película, mientras llegó aquel hombre preguntado por cómo ir a un país del este, fue espectacular eso a las 3 de la madrugada, al lado de la playa y con la música a tope. Todo fue demasiado y me costó superarlo, pero otra vez por qué, ¿por qué tanto, bueno y malo?
Pasamos a 2011 ya, yendo a Andorra otra vez más, a Francia al apartamento de mi hermano y bueno, todo bien, tranquilidad y deporte, Tenis, fútbol, ascensión a una montaña, muy muy bien.
Unos meses después nos fuimos a Londres, buenos recuerdos, me parecía sentir en la mejor ciudad del mundo cuando vi el musical de Grease en aquel teatro tan impresionante y después en Harrods, el centro comercial más importante de la capital británica, pasando por el meridiano y pasando fresquibirís por las noches aún con la calefacción, fue todo muy raro, pero no me puedo olvidar. Otra vez igual...
Empezó un año donde nos dirigimos a ver un partido de fútbol a Villarreal y por partida doble, salimos por la tele, jugamos un rato a fútbol y pasamos todos un buen rato, no se puede pedir más si gana quien quieres y encima te vuelves para casa con el estómago lleno con unas hamburguesas con el recuerdo en mente de los amigos metidos en coche como un sueño y que desaparece repentinamente al quedarse cada uno en su casa las cuales se separan por unos pocos metros, qué raro era todo...
Eran principios de mayo, y nos dirigíamos los amigos a pasar 4 días en un hotel que estaba bien en Malgrat, fue todo fiesta y bueno, la habitación... jaja no vamos a hablar mucho más, fue todo espectacular, aunque no podía faltar alguna típica broma, fue muy muy guapo.
Unos días más tarde surgió una locura en mente, llegó un chico a mi clase de la universidad diciendo que si alguien estaba interesado en intercambios. Dije por dentro, pues claro, ya soy experto jaja, fui con 5 estudiantes más que no conocía excepto un compañero de clase y bueno, no fue igual que los otros, pero estuvo muy bien. Quizás porque me hacía falta estar con algún conocido o algo, los nervios con mi inglés y la vergüenza podían conmigo. Se me fueron de las manos todas las Coca Colas bebidas aquel viaje, su temperatura, llegando a las 3 de la tarde y a unos 40 grados, ¡ojú qué caloh! pero bueno, las playas, la ciudad, el color amarillo dorado de la piedra de Malta, en cada casa, la guitarra, la música, las discotecas de aquel pequeño pueblo, es normal que esté lleno de tantos españoles si tenemos fiesta y aprendemos inglés no necesitamos más. La verdad es que la forma de ser y las costumbres eran diferentes, era una mezcla de razas bastante rara, pero me gustó mucho, con aquellos chapuzones, las visitas de cada pueblecillo, la visita a la isla de Gozo, perdidas al lado de África prácticamente, qué raro era. Echaba algo de menos pero me gustaba la temperatura que hacía y sus playas, poco más había que hacer con tanta calor. Pero volvía a sentir lo mismo, rodeado de semidesconocidos, todo extraño.
Aquel verano después de eso, no paré de ir a la playa antes de irme a trabajar y unos meses después de fiesta por Salou, gritando, de playa, spa, relax, etc. Así que el verano más largo que he vivido y mientras trabajaba, unos 5 meses de "verano".
En 2013, menos viaje, pero más locura... Decidí irme solo a la aventura, el día de mi cumpleaños a Portugal, a la capital Lisboa, una madrugada a las 6 de la mañana mientras no paró de nevar en toda la noche, no pude ni dormir. Quedé con un chico que conocí por FB y me hizo de guía turístico por los lugares más bonitos de la ciudad, no sé que hubiera hecho sin él, gracias tío, aunque no sé si lo leerás alguna vez. El día siguiente ya estaba solo en aquella ciudad, en aquel hostal de broma, que crujían sus escaleras y daba miedo subir, con aquel pobre desayuno, me sentía un auténtico mochilero. Pues me fui a ver sitios que me habían recomendado subido en el típico tramvia, haciendo fotos por todo lo que podía para recordar mi mayor y mejor locura. Llegué al aeropuerto sin tener ni idea y me encontré a un padre con su hijo españoles los dos, visitando el estadio del Sporting de Lisboa, un club bastante importante a nivel europeo. Pues al día siguiente, ya al acabar casi todo lo que podía ver yo solo, decidí coger el metro e irme yo solo al mejor sitio del estadio Da Luz, uno de los clubes más importantes de la historia mundial, en tribuna rodeado de ricos portugueses, sin entender mucho de lo que decían pero hablando con ellos y celebrando los goles casi como ellos, me gustó mucho como fue todo y había jugadores importantes que ya me gustaban. Al acabar el partido era tarde, había muchos vendedores de droga por las calles y la verdad, se iba asustado porque te perseguían así que me metí a cenar en un céntrico restaurante que aparentaba lujoso. Decidí tomarme una pizza y una Coca Cola allí, con 4 personas a mi disposición por si me faltaba cualquier cosa. ¿Qué haría yo solo en un restaurante de Lisboa un domingo a las 10 de la noche con 4 trabajadores mirando a cada momento con la sonrisa pregutando si me faltaba algo? Después de aquella buena y extraña noche decidí volver al hostal a llamar a casa, para decir qué tal todo y bueno, intentar dormir algo ya desde prontito ya que tenía que madrugar para coger el avión a las 9. Me levanto, miro la hora y eran las 7:21 horas, faltaba una hora y media para que saliera mi vuelo, estaba lejos del aeropuerto, así que llamé corriendo a recepción que por favor, me llamaran a un taxi, para que me llevara lo más rápido posible, vaya tela. 8:40 horas, llega el taxi y nos dirigimos hacia el aeropuerto comunicándome como podía para decir que corriera más. Llegué, le di las gracias, salí corriendo como un enfermo por todo el aeropuerto buscando alguien que hablara español para saber dónde tenía que ir, estaba perdidísimo faltaba una hora para que saliera el vuelo, sudando, muy nervioso, pues esa misma tarde trabajaba. Suerte que no necesitaba facturar maleta, pues fui corriendo por todos los pasillos y llegué casi hasta bien de tiempo, llamé a casa y respiré tranquilo. Otra vez, por qué...
Y acaba el año de viajes yendo de fiesta a Lloret de Mar con 3 amigos y la verdad es que nos reímos bastante, fuimos de discotecas y bueno, no mucho más, gritos y gritos jaja, auténtica locura, pero todo perfecto.
Y así se resume mi vida turística, preguntándome cada día en clase de universidad viendo a esos compañeros, en los que con algunos no me parezco en nada, siempre pensando si no tengo dinero casi para pagar la carrera y poco más y no tengo ni idea de idiomas, ¿qué hago aquí? Entonces cada día vuelvo a recordar todo lo que he ganado con los viajes, lo que he aprendido, que no hace falta ser como ellos, que somos diferentes todos y como dice el dicho, el fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando, esa frase me ha hecho entender que son tonterías lo que piensa mucha gente y que no van a cambiar mis ideales, estoy enamorado de cada lugar que visito y he aprendido a valorar todas las culturas que he conocido. Para sentirlo hay que vivirlo. Así que se ha acabado el porqué, está muy claro, mi vida es viajar y aprenderé los idiomas que haga falta, perderé la vergüenza que haga falta para poder tener la vida resuelta y vivir de lo que me gusta, conocer gente y culturas es lo mejor que me haya podido pasar.
Ahora disfrutaré más aún con cualquiera que quiera compartir momentos así conmigo, me tenga que gastar lo que haga falta, viajar, aventuras, locuras, es vivir y eso te hace más joven.
Aunque todavía no haya ido a ningún lugar exótico, con lo poco que tengo he estado en 10 países y ya valoro todas las frases de esos pobres ancianos sabios que saben de qué hablan y han pasado lo peor de este país en dictadura durante casi 40 años y creen que lo mejor es estar unidos, ni uno ni otro, ni fascismo ni comunismo, siempre paz, enamorado de cada lugar y cultura visitada. De todo lo demás, otro día se hablará.
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