domingo, 27 de octubre de 2013

El "paralelismo" de mi amigo Fabián

Fabián es un chico de unos 20 años, que conozco desde bien pequeño. Es un chico más bien bastante flaco y de estatura media. La verdad es que desde que lo conozco es un chico que en el fondo es tierno pero siempre intenta ir de duro, lo típico en estos tiempos. Es alguien que cuando le conoces, a simple vista, es eso, un chico simple. A Fabián, entre otras cosas, le encanta viajar, ha estado ya en muchos países a su corta edad pero siempre me trae buenos recuerdos de cada uno de ellos. Era un chico que de pequeño había estado en un colegio bastante humilde, con compañeros que a la mínima se reían si algo se salía de lo normal, aprendió entre peleas, risas, insultos, pero bueno, sé que él nunca se metía por medio. Aprendió mal, de insultar a gente diferente. Siempre me decía lo que decían los demás, decía: -Mierda de moros... son mala gente. Esos maricones también. Mira ese yayo, vamos a reírnos un rato. Él siempre hacía cosas así, pues bien, no se quería sentir solo, ¿y quién sí? Pues emprendió esa moda y manía que al final, se fue haciendo más normal en su cabeza y pensaba yo, joder, cuando sea más mayor aprenderá seguro, es buen chico. Era el chico que se juntaba con los gamberros, pues no se podía perder popularidad, pasara lo que pasara. Aunque supiese que estaba mal, esos recuerdos los guardaría siempre dentro, estoy seguro. Y es que siempre pensaba la misma frase: "El niño con suerte puede salir del barrio pero el barrio pero el barrio permanecerá por siempre en el niño." Una y otra vez, por muchas pelotas coladas, por muchas peleas, robos, etc. él siempre pensaría igual aunque nunca lo dijera, estaba orgulloso de su barrio, hasta que la muerte los separara. Aprendió lo duro de todo ahí, en el cemento y en el asfalto de sus parques, con sus pelotas, con sus piedras, sus puños y su furia, y que se atreviera alguien a decirle alguien a los demás. Fabián, era un amigo al que siempre le encantaba jugar al fútbol, entre otros deportes, claro. Fabián solo vivía para eso, si estaba en el parque jugando era solo para pensar en eso, para hablar no había que parar la bola, a seguir jugando, chutando, perfeccionando, no se rendía, aprendió así. Probaba con las dos piernas, desde 20 metros, a darle a las letras de los grafittis del barrio, pases altos, bajos, izquierda, derecha, control, regate, por arriba, por abajo, esconderla, medir la distancia perfecta entre el compañero y el pase, el cacho de asfalto en la retina lo tenía, si caía volvía encima del contrario a que sintiera su resuello al lado, a cada momento, su cuerpo, al lado para robarla, la posición para disparar, era muy bueno y podía llegar a más si se proponía engordar, pero qué va, solo jugar. Su padre siempre estaba encima mirándole y si le decía que llegara a las 9 a casa, él subía a decirle que eso no podía ser, que había un rival con el que dejarse la piel, si hay que no cenar no se cena, lo primero es lo primero. Siempre intentaba calmarlo pero me decía que cuando estaba solo lloraba por no haber llegado más lejos, por no haber robado aquella o haberse esforzado un poco más. Aunque fuera muy alegre y a veces vividor, ahí no podía ni parar. De golpe, crecimos y ya me conoció jugando en otros sitios. Me preguntaba siempre por qué jugaban todos así, a veces tan a lo loco si lo bonito era hacer espectáculo, ahí ya noté que algo había cambiado. Pero siempre se excusaba diciendo, es que no la tocan bien, tío, solo tienen físico y eso era verdad, todo había cambiado de repente. Me contaba siempre que había visto un equipo que cambió la forma de jugar, poniendo más presión y haciendo que el contrario no la juegue, por tanto, más cansancio, sonaba muy inteligente y bonito, pero luego no lo era tanto, la tocaban a 70/80 metros de la portería, pero bueno, decía, se puede jugar de cualquier forma, luego lo que importa son los resultados y la forma de jugar, puede ser como sea, puede gustar o no gustar, pero pienso que la gente que entiende pensará como yo y ya sabes como lo veo Miguel. Yo bueno, pues callaba, solo me fijaba en él, era todo extraño. Se notaba que Fabián había practicado toda la vida la técnica, pero había perdido el poco físico que tenía y cada semana repetía que esto no podía ser y esas noches de domingo no podía dormir más de 4 horas. Se enfadaba cada día más con los contrarios, parecía que al ver ese juego de aquel equipo se había pegado, sin la misma calidad pero la misma presión, pegando más patadas y es que supongo que Fabián acertaba, él pensaba que tenía mucho que ver la crisis, que la gente iba a desahogarse, si había que pegar se pegaba cuando nunca lo había visto yo. Fabián parecía tener razón en muchas cosas y yo le hacía caso, él perdía las ganas y a mí se me enganchaba esa sensación. Recuerdo que cuando Fabián era pequeño le gustaba solo escuchar pocos tipos de música, aunque con el tiempo cambió mucho, le gustaba escuchar de todo, prácticamente todo, todo aceptable. Un día, hace poco, me dijo que "no entendía ese afán que tenía la gente en contra de algunas culturas musicales, o bien porque gritaban o bien porque ponían en evidencia a mujeres, que eso ya son otras cosas, que todo lo demás, desde su punto de vista era racismo", yo pienso que estaba en lo cierto. Y es que hubo un día que coincidimos en otra cosa más, es que en la zona geográfica donde vivíamos, se había puesto de moda algo que era como defender lo propio atacando a lo ajeno al máximo pero dentro de unos límites para que no se pudiera decir nada en contra y todo callando y aprovechando la oportunidad justa que siempre surgía. Siempre se intentaba atacar a los demás a partir de una acción y eso ya favorecía al que lo decía. Pudiendo insultar sin decir cualquier palabrota pero sí con otros términos más despectivos aún. Mi amigo y yo odiábamos eso, pero bueno, si se dice algo pasa como dice la frase que "por matar un perro te llaman mataperros". Como una ave carroñera en una de las fotos más importantes de la historia esperando a su presa, un indefenso bebé a punto de morir por culpa del hambre. Como el perro del hortelano, sin atacar pero sin dejar de atacar. Cómo odiamos a esa gente que aprovecha los malos momentos de otra para ganar su objetivo. Y las chicas, ¿qué puedo decir acerca de las chicas que le gustan a Fabián? si es que le gustan casi todas, a él qué le importaban si estaban o eran de cualquier manera, él las quería, pero claro, nunca me negaba que le encantaban las de ojos azules y con la voz dulce y simpáticas, está claro, a todos supongo. Era un enamorado de las mujeres, siempre me preguntaba cómo podía haber gente que les pegara, pasara lo que pasara, eso no podía ser, pero bueno, no quiero entrar más, no hay mucho que hablar. En los estudios Fabián era un hacha, era pequeño y era el más atento de la clase, aprobaba todo y siempre dejaba sorprendido a todos y cada uno de ellos, lo veía en otro nivel, aunque igual eran ellos los diferentes, nunca se sabe. A Fabián le encantaba hablar siempre bien de su país, él era español y solo odiaba esos gobiernos y banqueros que hay en todo el mundo y que en algunos sitios atacan peor o mejor. Siempre pasábamos noches tranquilos charlando acerca de nuestra música, nuestra gastronomía, nuestro arte, nuestra longevidad, nuestra dieta Mediterránea, nuestras playas, nuestros bosques, nuestras montañas, nuestras ciudades, nuestro idioma, todo nuestro patrimonio, nuestros famosos, nuestras atracciones turísticas, el carácter latino que nos une con el Mediterráneo y el Caribe/Sudamérica, nuestras mezclas de razas, gitanas, del este, asiáticas, árabes, indias, americanas, etc. y un sinfín de razones acerca de nuestra gran cultura. Parecía todo un auténtico paraíso si no fuera por un montón de gente. En fin, pienso que siempre hay que quedarse con lo bueno, si no, mal vamos. Aquí llega el momento que Fabián, "mi amigo del alma", me dejo boquiabierto. Me dijo: - A mí me da igual qué piensen de mí, si intento dar positividad, ver todo de color de rosa o al menos la mayoría para que todo vaya a mejor soy un "marica" y vividor, si paso de todo, es porque me da igual todo y soy un "pasota", si me pongo en contra de alguien e insulto soy mala persona, si digo que soy feo, dicen que es para ir de víctima, si digo que me estoy poniendo en forma, que voy a aprobar todo es que voy de crecido y siempre se intenta sacar lo peor para que no pueda conseguir lo que los demás desean. Miguel, te voy a decir una cosa, he nacido con un espíritu enorme, nadie me va a quitar lo que es mío, yo me manifiesto por lo que es mío, el que no quiere es un puto flojo de mierda, "marica", que pasa de todo y que luego va de víctima publicándolo por las redes pero sube fotos de sus bíceps. Eso es un puto marica, ¿no dices tanto? pues lucha un poquito por tus sueños, que luego puedas conseguirlos o no es otra cosa pero que nadie te pueda decir que no has luchado por muy filosófico que queda, lo tuyo es tuyo y punto. Me da igual todo qué piensen de mí, pero si vas a leer algo mío, si vas a opinar algo, te hace falta entender o conocer un poquito, no hace falta ser un crack y que te preocupe algo. Como dice un cantante, yo puedo decir cosas, pero es pa' divertirse, es todo pa' pasarlo bien, es mi forma de escribir, yo hago otros planteamientos a los de otros, ni mejores ni peores y si lees, es pa' disfrutar como el que juega un partido de baloncesto, no es pa' darle vuelta ni quiero hacer mejor como persona a nadie, yo quiero que la gente se divierta y punto. Vivir para eso. A mí qué coño me importa si me cuesta más pronunciar una letra, si me cuesta más tirar a portería, si me cuesta más estudiar, yo solo quiero estar con mis amigos, sin mariconadas, pero que haya afecto y cariño, risas, lo mejor posible, que el milímetro de la bamba sea el perfecto para que vaya al milímetro más alejado del portero entre los tres palos, escuchar la canción perfecta para cada ocasión, esa música tan perfecta, de cualquier estilo, era mi vida y finalmente tener una chica, ojú, esa chica tan chiquita que conocí en el cumpleaños aquel de ojos azules, llevarla de paseo por Barcelona y cogerla de la mano, acurrucarla a mi hombro y decirle que algún día llegaremos nosotros allí juntos de la mano, señalando al horizonte, tenerla para siempre pero como si fuéramos dos enanos, viviendo por y para reír, sé que no todo es perfecto pero si se intenta al menos unos cuantos sueños se van a conseguir y por último ir con esta chica, ella con su sombrero, con esa media sonrisa de niña mala, diciéndome que qué malo soy. Coger la palma de la mano y pasarla desde la nariz a los labios y señalarle que se quede en silencio que ese viaje iba a ser nuestro y para siempre. Fabián podrá ser como sea, pero a mí, en aquel momento, casi me entran ganas de llorar, con lo difícil que era, me estaba poniendo ya "marica" jaja pero me entraron ganas de abrazarle un rato y decirle que no está solo, que llegará mucha felicidad pronto, que será para siempre mi "amigo gemelo".

domingo, 6 de octubre de 2013

Viajando voy

Y de repente, todo empieza en 1998 aproximadamente, un billete de avión a Mallorca me lleva a emprender esta "nueva vida". Tan solo dos o tres imágenes sueltas. A veces me preguntaba el por qué de acompañar a mi tío en su taxi, yendo por media Francia, recuerdos de aquel día en el que dormiste en un sofá junto a un desconocido en un chalé francés apartado de todo lo demás, perdido por los campos. Viendo a cada momento un río por casi cada pueblo, yendo también con mi hermano, eligiendo unos macarrones con queso, precisamente roquefort, y sin tener idea de decir que no me gustaba. ¿Quién me iba a decir algo de Francia positivo para que me gustara aunque fuese un poquito?, con todo lo que había pasado, si ya mis padres se habían dejado la espalda ahí por un jornal mientras les trataban como inferiores. Seguía el por qué. También iban y venían los contínuos viajes al pueblo, una pequeña aldea en la nada en la província de Granada, el trayecto del cual, para llegar siempre parábamos en un hotel restaurante en el pueblo de Torreblanca (Castellón). Todo era un por qué. Al estar allí lo sentía, era algo mágico, el récord de 17 personas en la puerta de la iglesia, echando la noche con bromas, chistes, pilla-pilla, fútbol. El día que llegaba la feria y aquellos viernes que significaban pizza y Coca Cola, no podía pedir más. Llegaba la fiesta mayor del pueblo importante de al lado, era un auténtico espectáculo ir a tomar unos pinchitos con tu refresco, joe, qué sabores. Llegaba la mañana y había que sacar a las ovejas, con los perros y también por las tardes con la raja de melón y un poquito de jamón de la tierra que no falte justo después del chapuzón en la piscina y tu rato de consola. Buf, que alguien me pellizque, si no era ningún palacio donde estaba pero era "mi palacio". Seguía el por qué. De repente, te vas haciendo un poco más mayor, llegan los viajes de fin de curso, aquellos recuerdos con las canoas, con las bicis por el Delta del Ebro y aquella noche de discoteca donde empezaba a hacerse famoso el Reggaeton con Pobre Diabla, Dile, Obsesión, etc. Pase lo que pase que no me quiten esto de la cabeza. Seguía el por qué. Dos años más tarde, viaje de fin de curso a Valencia, ciudad de las artes, espectacular principalmente la noche en la habitación, aquella en la que estábamos 10 niños metidos en una habitación pequeña, qué frío, pero qué bien estuvo con los gritos, paseos, juegos, en fin, cosas de niños. Seguía el por qué. Al año siguiente las cosas ya cambiaban, iba a una de las ciudades más importantes del mundo, París. Impresionante todo, ¡cómo me gustaba todo lo de aquella ciudad! Los recuerdos de la subida a la Torre Eiffel, DisneyLand, la catedral del Sagrado Corazón, etc. Pero bueno, lo más importante, ya empezabas a sentir cosas en el estómago por las chicas, era raro pero aprendías de todo. Pasaron muchas cosas espectaculares, quizás la que más recuerde fue la vuelta en avión todos con dolor de oídos pero gritando tonterías de niños. Poco más de un mes después nos fuimos pa Madrid a visitar la familia y ver un partido de mi equipo favorito en la capital, lo poco que vi de la ciudad me enamoró, aunque en el partido no hubo tanta suerte, los recuerdos están en fotos y se repetirá. Seguía el por qué. 12 meses más tarde llega Italia, las ciudades de Pisa, Verona, Florencia, Venecia, el pueblo de San Gimignano, todo me sorprendió muchísimo, especialmente Florencia y Venecia, arte, arte y más arte. Igual no fueron las mejores que pasé con la gente pero bueno, aquellas ciudades cambiaban hasta el ánimo. Hay que recordar el momento en la habitación con aquellos 4 amigos haciendo bromas con agua y también la pillada en el lavabo a uno de ellos por parte del profe, ay las risas que cayeron... jajaja. La ducha aquella de aquél mismo justo cuando estaba esperando el bus en la puerta del hotel y llegábamos ultratarde, no sé si ahí o en París pero nunca olvidaré eso. En aquel mismo año, me dirigí a Chipre, una isla que no estaba nada mal, de la que me llevé muchos recuerdos con la gente. En aquel mismo viaje, hicimos escala en Praga... pues hacía calor, eh... todo el día a -1ºC y a las 4 de la tarde era de noche, pero me enamoró aquella ciudad, no era muy grande pero el centro histórico me pareció de lo mejor que había visto. A las 11 de aquella misma noche partimos ya hacia Chipre con mi hermano. Aunque él llegó un día tarde por problemas de pasaporte de una chica extranjera, vaya... ¿Qué haría yo con tanto desconocido en Chipre, perdido en el Mediterráneo, si era tan tímido y mi nivel de inglés era peor que el de Ana Botella? Bueno, 5 de la mañana y aterrizamos en Larnaca después de mi primer viaje en primera clase dónde había comido un bocadillo que era masa de chicle, vamos, pero bueno, estaba pagado ya. La mezcla de razas me gustaba, se puede convivir allí, es todo un poco diferente pero bien, está bien. Aquel partido de fútbol que aún no entiendo por qué estábamos en una pista de futsal 25 chipriotas y un español metidos, que no te podías mover casi pero bueno. Aquel recuerdo de aquella noche en el que ibas detrás en aquella calle oscura con 4 o 5 chipriotas por delante hablando en griego, te sientes muy muy raro, pero me encantó, fue algo único, eramos como familia sin apenas conocernos, lo reconocía por aquel brazo que pasaba por encima diciéndome: - Ya te invito yo, amigo. Eres el invitado.- Fue un muy buen trato el de allí, se puede decir lo que sea pero conmigo fueron muy hospitalarios. Aquella noche que fuimos a una coctelería y me aconsejaron probar "Sex on the beach". Buah, me enamoré, no sé si por la noche que pasé, por lo dulce que estaba, lo grande que era, compañía, no sé, pero entre eso y la vuelta andando a casa mientras hablaba con este chico que no daba dos pasos iguales y que no parábamos de reír. Y cuando aún nadie de mis amigos tenía carné, eramos pequeños y estos eran más grandes, me parecía un cuento el que llevaran coche ellos, todo parecía un cuento, lleno de gracias y chistes mientras íbamos todos juntos y de repente se desvanecía de golpe cuando les dejábamos y siempre se repetía, desde entonces cada noche que salgo con los amigos y me siento solo con ellos me dan esas ganas de llorar de alegría. Ese mismo verano me esperaba la ciudad de Granada, madre mía...la Alhambra desde fuera y alcanzar la cima del Mulhacén con tu hermano mientras en aquellos días escuchabas lo que más te gustaba, el flamenco de la tierra, ¡qué arte! Seguía preguntándome otro año más el por qué, qué extraño... Unos meses más tarde me iba a Italia a reencontrarme con un viejo amigo que ya había venido a mi casa, de intercambio. Me dirigía con mi "hermano" para allí. Este viaje está lleno de más casualidades aún. Empezaba todo con el volcán en Islandia del que tanto se habló, vaya casualidad, nos dirigíamos al norte de Italia, cerca de Génova y por eso, tuvimos que ir hacia Roma en avión y desde allí en tren, buf, vaya recuerdos, 6 horas de tremenda calor en un tren, viajando por media Italia, después de haber visto ese mediodía la estación de Roma y el Coliseo y más por fuera. Al llegar allí, eran cerca de las 10 de la noche, me reencontré con mi amigo, nos dirigimos nosotros y mi "hermano" con el chico que le hospedaba a la calle y de repente vemos que saca la llave y teníamos un cochazo para hacer locuras y vaya que si las hicimos. La verdad es que no paramos de reír, ¿para qué quiero más? Ojalá se vuelva a repetir algo así y por supuesto, se repetirá. Aquel partido de fútbol playa en aquella arena dorada, no parábamos de gastarnos bromas, siempre los 4, conduciendo por enmedio de la carretera, cuando comíamos la liábamos y siempre nos pasaba alguna anécdota. ¿Cómo nos íbamos a olvidar de las chicas? No podíamos parar de hablar sobre ellas, era una alegría volver a verlas y más si eran así de simpáticas y guapas. No había nadie con quién no nos hiciéramos fotos o habláramos, así que estoy muy orgulloso, ¡cómo lo disfrutamos! aquel intercambio de culturas enseñando los bailes típicos de cada cultura, hacía una pequeña familia, aunque no nos vayamos a ver más algunos, seguro que no se olvidará nadie. Espero que mi "hermano" se acuerde de aquel día en el restaurante que tampoco parábamos,¡cómo aprendimos en aquel viaje también! De repente llegó mi mayor por qué, una noche en la cual estábamos en aquel instituto celebrando el intercambio se habló de hacer una fiesta en la playa los 4, pasó una de las mayores desgracias que podían pasar, se acabó ir con mis dos amigos y mi "hermano", se murió el padre de mi amigo y tuve que cambiar de casa de hospedaje, donde dormí poco y mal, no podía parar de pensar en lo que había pasado, me esperaba una de las mejores noches de mi vida con la gente que más lo deseaba y pasó eso, eramos familia prácticamente, aquello me volvió a separar de mi "hermano" y tuve que ir con el otro grupo del cual no había más que un español o dos y bueno, mi nivel de inglés... ¿qué coño hacía ahí? y no paraba de sonar en mi cabeza una canción sobre de lo bien que se está en casa. De vuelta pasamos por las afueras de Mónaco y fuimos al aeropuerto de Marsella de regreso a Barcelona. ¿Quién me iba a decir que lloraría aquel día tanto por esa gente que no conocíamos casi? Además, casi nunca lloraba, rompí de repente mientras me aguantaba mi "hermano" y lo que me ayudó. Gracias por todo aquello y si te acuerdas, aquel momento al lado de la playa que parecía de película, mientras llegó aquel hombre preguntado por cómo ir a un país del este, fue espectacular eso a las 3 de la madrugada, al lado de la playa y con la música a tope. Todo fue demasiado y me costó superarlo, pero otra vez por qué, ¿por qué tanto, bueno y malo? Pasamos a 2011 ya, yendo a Andorra otra vez más, a Francia al apartamento de mi hermano y bueno, todo bien, tranquilidad y deporte, Tenis, fútbol, ascensión a una montaña, muy muy bien. Unos meses después nos fuimos a Londres, buenos recuerdos, me parecía sentir en la mejor ciudad del mundo cuando vi el musical de Grease en aquel teatro tan impresionante y después en Harrods, el centro comercial más importante de la capital británica, pasando por el meridiano y pasando fresquibirís por las noches aún con la calefacción, fue todo muy raro, pero no me puedo olvidar. Otra vez igual... Empezó un año donde nos dirigimos a ver un partido de fútbol a Villarreal y por partida doble, salimos por la tele, jugamos un rato a fútbol y pasamos todos un buen rato, no se puede pedir más si gana quien quieres y encima te vuelves para casa con el estómago lleno con unas hamburguesas con el recuerdo en mente de los amigos metidos en coche como un sueño y que desaparece repentinamente al quedarse cada uno en su casa las cuales se separan por unos pocos metros, qué raro era todo... Eran principios de mayo, y nos dirigíamos los amigos a pasar 4 días en un hotel que estaba bien en Malgrat, fue todo fiesta y bueno, la habitación... jaja no vamos a hablar mucho más, fue todo espectacular, aunque no podía faltar alguna típica broma, fue muy muy guapo. Unos días más tarde surgió una locura en mente, llegó un chico a mi clase de la universidad diciendo que si alguien estaba interesado en intercambios. Dije por dentro, pues claro, ya soy experto jaja, fui con 5 estudiantes más que no conocía excepto un compañero de clase y bueno, no fue igual que los otros, pero estuvo muy bien. Quizás porque me hacía falta estar con algún conocido o algo, los nervios con mi inglés y la vergüenza podían conmigo. Se me fueron de las manos todas las Coca Colas bebidas aquel viaje, su temperatura, llegando a las 3 de la tarde y a unos 40 grados, ¡ojú qué caloh! pero bueno, las playas, la ciudad, el color amarillo dorado de la piedra de Malta, en cada casa, la guitarra, la música, las discotecas de aquel pequeño pueblo, es normal que esté lleno de tantos españoles si tenemos fiesta y aprendemos inglés no necesitamos más. La verdad es que la forma de ser y las costumbres eran diferentes, era una mezcla de razas bastante rara, pero me gustó mucho, con aquellos chapuzones, las visitas de cada pueblecillo, la visita a la isla de Gozo, perdidas al lado de África prácticamente, qué raro era. Echaba algo de menos pero me gustaba la temperatura que hacía y sus playas, poco más había que hacer con tanta calor. Pero volvía a sentir lo mismo, rodeado de semidesconocidos, todo extraño. Aquel verano después de eso, no paré de ir a la playa antes de irme a trabajar y unos meses después de fiesta por Salou, gritando, de playa, spa, relax, etc. Así que el verano más largo que he vivido y mientras trabajaba, unos 5 meses de "verano". En 2013, menos viaje, pero más locura... Decidí irme solo a la aventura, el día de mi cumpleaños a Portugal, a la capital Lisboa, una madrugada a las 6 de la mañana mientras no paró de nevar en toda la noche, no pude ni dormir. Quedé con un chico que conocí por FB y me hizo de guía turístico por los lugares más bonitos de la ciudad, no sé que hubiera hecho sin él, gracias tío, aunque no sé si lo leerás alguna vez. El día siguiente ya estaba solo en aquella ciudad, en aquel hostal de broma, que crujían sus escaleras y daba miedo subir, con aquel pobre desayuno, me sentía un auténtico mochilero. Pues me fui a ver sitios que me habían recomendado subido en el típico tramvia, haciendo fotos por todo lo que podía para recordar mi mayor y mejor locura. Llegué al aeropuerto sin tener ni idea y me encontré a un padre con su hijo españoles los dos, visitando el estadio del Sporting de Lisboa, un club bastante importante a nivel europeo. Pues al día siguiente, ya al acabar casi todo lo que podía ver yo solo, decidí coger el metro e irme yo solo al mejor sitio del estadio Da Luz, uno de los clubes más importantes de la historia mundial, en tribuna rodeado de ricos portugueses, sin entender mucho de lo que decían pero hablando con ellos y celebrando los goles casi como ellos, me gustó mucho como fue todo y había jugadores importantes que ya me gustaban. Al acabar el partido era tarde, había muchos vendedores de droga por las calles y la verdad, se iba asustado porque te perseguían así que me metí a cenar en un céntrico restaurante que aparentaba lujoso. Decidí tomarme una pizza y una Coca Cola allí, con 4 personas a mi disposición por si me faltaba cualquier cosa. ¿Qué haría yo solo en un restaurante de Lisboa un domingo a las 10 de la noche con 4 trabajadores mirando a cada momento con la sonrisa pregutando si me faltaba algo? Después de aquella buena y extraña noche decidí volver al hostal a llamar a casa, para decir qué tal todo y bueno, intentar dormir algo ya desde prontito ya que tenía que madrugar para coger el avión a las 9. Me levanto, miro la hora y eran las 7:21 horas, faltaba una hora y media para que saliera mi vuelo, estaba lejos del aeropuerto, así que llamé corriendo a recepción que por favor, me llamaran a un taxi, para que me llevara lo más rápido posible, vaya tela. 8:40 horas, llega el taxi y nos dirigimos hacia el aeropuerto comunicándome como podía para decir que corriera más. Llegué, le di las gracias, salí corriendo como un enfermo por todo el aeropuerto buscando alguien que hablara español para saber dónde tenía que ir, estaba perdidísimo faltaba una hora para que saliera el vuelo, sudando, muy nervioso, pues esa misma tarde trabajaba. Suerte que no necesitaba facturar maleta, pues fui corriendo por todos los pasillos y llegué casi hasta bien de tiempo, llamé a casa y respiré tranquilo. Otra vez, por qué... Y acaba el año de viajes yendo de fiesta a Lloret de Mar con 3 amigos y la verdad es que nos reímos bastante, fuimos de discotecas y bueno, no mucho más, gritos y gritos jaja, auténtica locura, pero todo perfecto. Y así se resume mi vida turística, preguntándome cada día en clase de universidad viendo a esos compañeros, en los que con algunos no me parezco en nada, siempre pensando si no tengo dinero casi para pagar la carrera y poco más y no tengo ni idea de idiomas, ¿qué hago aquí? Entonces cada día vuelvo a recordar todo lo que he ganado con los viajes, lo que he aprendido, que no hace falta ser como ellos, que somos diferentes todos y como dice el dicho, el fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando, esa frase me ha hecho entender que son tonterías lo que piensa mucha gente y que no van a cambiar mis ideales, estoy enamorado de cada lugar que visito y he aprendido a valorar todas las culturas que he conocido. Para sentirlo hay que vivirlo. Así que se ha acabado el porqué, está muy claro, mi vida es viajar y aprenderé los idiomas que haga falta, perderé la vergüenza que haga falta para poder tener la vida resuelta y vivir de lo que me gusta, conocer gente y culturas es lo mejor que me haya podido pasar. Ahora disfrutaré más aún con cualquiera que quiera compartir momentos así conmigo, me tenga que gastar lo que haga falta, viajar, aventuras, locuras, es vivir y eso te hace más joven. Aunque todavía no haya ido a ningún lugar exótico, con lo poco que tengo he estado en 10 países y ya valoro todas las frases de esos pobres ancianos sabios que saben de qué hablan y han pasado lo peor de este país en dictadura durante casi 40 años y creen que lo mejor es estar unidos, ni uno ni otro, ni fascismo ni comunismo, siempre paz, enamorado de cada lugar y cultura visitada. De todo lo demás, otro día se hablará.