Me presento, soy Carlos, tengo 24 años y sí, ya me he dado cuenta de que todo es una mierda, o al menos, eso parece... Todos estamos separados, perdimos las ganas por todo y el amor de verdad no existe. Válgame la redundancia, "nadie lo ha dicho" pero, la vida es una mierda, ¿no?
No sé si es que ya me habré vuelto loco o todo lo que digo ya son tonterías que no tienen importancia alguna. Crecemos y perdemos lo que en realidad es la esencia del humano, la magia, la palabra, la mirada, el saludo, el perdón, ese sinfín de cosas pero sobretodo, sobretodo, las ganas de soñar. En las películas y en los libros nos enseñaban que todo era perfecto, que eras feliz siempre, aunque alguna vez hubiese un pequeño bache, siempre llegaba alguien o algo que lo cambiaba todo para siempre. Cuando se es pequeño se piensa que todos piensan igual y que todo siempre acabará bien, piensas en llegar a la Luna, tener un Ferrari rojo, una chica con quien estar siempre que no te encuentres, poder viajar alrededor del mundo y nunca, nunca perder a tus amigos.
Mi padre solía decirme que no tuve suerte en casi nada pero me di cuenta de que todo el mundo quería algo de los demás sin ofrecer nada a cambio. ¿Que estará pasando? Nos han destrozado y solo nos queda soñar, o eso es lo que me gusta a mí. Así pues, "lo que soñamos es todo lo que importa".
Siempre me encantó recordar los momentos de la infancia, sea como fuere, todo el mundo se cansaba ya de siempre escuchar lo mismo, los escribía y me los guardaba para mí. Siempre soñaba con ir a la Luna, no es que sea imposible, pero es muuuuuy difícil así que la observo a través de vídeos, películas y con los prismáticos, será casi imposible pero yo siempre pensaré que la estoy tocando.
Siempre soñaba con tener un Ferrari rojo e ir junto a ella. ¿Quién era ella? Ella era la chica más linda de la faz de la Tierra, siempre estaba sonriendo y soñaba con llegar a la Luna de mi mano subida encima de mí. Ella era la única chica del mundo que no tenía miedo, se sentía protegida y si alguna vez tenía algún miedo era a morir y que no estuviese a su lado. La chica que pensaba que si la vida fuese larga o fuésemos inmortales nada tendría sentido, no habría pasión ni haría falta tener alguien al lado, ya, ahora mismo. Que tampoco haría falta escuchar música romántica o una letra que llegara, una melodía que siempre llegase a lo más hondo. Siempre me decía que por dentro siempre lloraba de emoción al sentir ese ritmo, esa melodía o esa letra que le hacía entender que la vida era corta y estaba para disfrutar y sentirla, sobretodo sentirla. Su cuerpo era más apuesto que el de una guitarra, tenía curvas de ensueño, sus ojos no los podría reflejar jamás el cielo, su sonrisa era auténtica magia, al abrir su boca salía poesía y sus labios sabían diferentes a cualquier golosina, ¿cómo explicar la magia si no se puede alcanzar la belleza que hay en ti? Tenía un color de pelo que nunca lo reflejaría el lingote de oro más brillante del mundo. Era simplemente, una mujer libre, a la que no le hacían falta alas, porque ese ángel, en mi cabeza ya estaba volando como tal. Le encantaba comer, atiborrarse de lo que fuese y pasaba todo el día cantando en casa. Le encantaba que le agarrase de la mano muy fuerte cuando se acercaba a sitios que daban vértigo. No parábamos de viajar, en el avión nunca me soltaba, ¿sería miedo o sería amor, o ambas cosas? Viajamos por todos los continentes por más de medio mundo, alcanzando lo que muchos hubiesen querido, esos sueños. Le encantaba jugar con Rex, nuestro perro Labrador, pasábamos las tardes jugando en el césped del jardín. Más tarde, llegaron los dos hijos, chico y chica, era la madre más bella del mundo, así era, en el parto no dejaba de sonreír a pesar de las adversidades. Siempre que se ponía mala, mientras esperaba en la cama, le llevaba el desayuno y todo lo que pidiese, le arropaba con la manta y le ponía en la tele aquella película que tanto le gustaba ver. Nuestro Ferrari era una cosa que le causaba amor y odio a la vez, ya que no le gustaba que fuéramos rápidos y siempre me recordaba que si tuviese que morir así lo había decidido yo, pero sería siempre junto a ella. Le encantaba cuchichear con Ana sobre José y yo, íntimos amigos los cuatro, solo para hacernos rabiar. Incluso se reía de nuestro equipo cuando no conseguía ganar para chincharnos. Nos encantaba tener sexo en cualquier momento, no había nada que no le gustase hacer, pero conmigo. Y efectivamente sí, no hay tantas diferencias entre hombres y mujeres, nos necesitábamos sin siquiera habernos conocido, pero sabíamos que algún día llegaría.
Aunque parezcamos animales, no es una fábula ni nada por el estilo, pues ella, ésta chica tan espectacular existía, lo único es que no aceptó esa vida y eligió otra, esto fue tan solo un sueño. Así pues, la vida es una mierda, pero los sueños pueden ser lo que nos ayude a cambiarlo todo. Sin esa infancia y sobretodo sin ella, esto no hubiese sido posible. Gracias a la chica más especial de la historia, un sueño imposible de olvidar.
jueves, 23 de abril de 2015
domingo, 25 de enero de 2015
12 años, 7 meses y 26 días (4625 días después)
19 de febrero de 2018
Hoy es un día especial, diferente. Esta mañana me he encontrado a Sonia. Sonia era una antigua compañera del colegio con la que había hablado muy pocas veces pero cuando era pequeño estaba locamente enamorado de ella, no sé, supongo que serían cosas de niños.
Esa misma tarde había quedado con ella en un bar cercano a la costa de Barcelona. Después de un efusivo abrazo, nos dimos los teléfonos y decidimos hablar para quedar esa misma tarde y contarnos cómo iba todo.
17:00 de la tarde, habíamos quedado, y yo llegaba tarde mientras por dentro me remordía, pensando que para una vez que la veía podría haber sido más puntual. A eso de las 17:05 llegué al bar y ella no estaba, tardó unos 10 minutos, que se hicieron eternos, en llegar.
Nos dispusimos a entrar y pedir algo para tomar, ella su cortado y yo mi cerveza, acompañaban la conversación que llevaba esperando prácticamente toda la vida. Los dos con 24 años, y yo a punto de los 25.
Empecé la conversación con un:
- Bueno, pues aquí estamos, ¿no? ja... ¿qué tal, cómo estás, cómo han ido estos años?
A lo que ella respondió: - Bien, todo muy bien, la verdad es que no me puedo quejar. Cuántos años hacía que no nos veíamos, ¿eh?
- Pues sí, ya ves, hará por lo menos 10 o 12 años supongo, ¿no? (sabiendo perfectamente que aquella fiesta del colegio de los últimos días de junio del año 2005 fue la última vez que la vi)
- Pues sí, jaja. Bueno, ¿tú qué tal? Has cambiado mucho.
- Bueno, sí, la verdad es que ya hace mucho tiempo y sí, ya me operaron y ha cambiado mucho todo desde entonces. Yo todo bien la verdad, acabé la carrera de Turismo, tengo trabajo fijo y lo demás bien.
- Pues vaya, si que es verdad, todo cambia mucho, las vueltas que da la vida... ¿Te acuerdas de Pablo, mi hermano?
- Sí, claro, estará ya hecho un abuelete, ¿no? jaja
- Pues la verdad es que no lo sé, si te digo la verdad no lo sé, se juntó con un grupo de chicos de no muy buena pinta y está metido en la droga y a punto de morir, es una pena, era una referencia para mí, la perfección, pero no quiero saber más de él ni hablar sobre ello.
- Vaya, lo siento Sonia... Pero bueno si tú estás bien y tus padres también, es lo que cuenta. Si te digo la verdad, e-estás ca-casi más guapa que cuando eras so-solo una niña, jaja (tartamudeando de los nervios y de que todo latía muy rápido al sentir esa sensación de tenerla al lado otra vez).
- Jaja, gracias, yo sigo igual que siempre, no me he cuidado mucho, lo he pasado mal y tal pero todo se supera y aquí estoy, tú también estás muy guapo.
- Lo mío iba en serio jaja. No miento. No sabes las ganas que tenía de verte para decirte una cosa.
- ¿Qué cosa? -Miró extrañada ante la sorpresa que le esperaba.-
- Pu-pues, que a mí, cu-cuando e-era-mo-mo-s más pequeños, en primaria, pues co-como que me gus-gustabas, y bastante. -Le dije temblando más que un caribeño en pleno invierno en Siberia y sudando más que un Sueco en el Sáhara a la vez. Estaba muerto de miedo pero lo necesitaba.-
- Jaja, ¿de verdad? jajaja, estás loco.
- Pues sí, cuando íbamos a clase siempre me quedaba mirándote, siempre que pasabas por mi lado olía tu colonia, que siempre se me quedaba grabada todo el día, siempre pensaba que si respondía yo en clase a las preguntas de la profe te fijarías en mí. Cuando íbamos al patio y los chicos jugábamos a fútbol me ponía en la banda que estabas más cerca, corría 20 veces más y si jugabas el partido y ibas conmigo te la pasaba cuando podía y si ibas en contra, iba con el máximo cuidado para que no pasara nada. Si jugábamos al pilla-pilla siempre te defendía a ti para que no te pillaran y me sacrificaba a mí y sólo con tus gracias merecía la pena haber ido esa mañana al cole, era felicidad para todo el día. Para hacerme el "machito", "sacaba los brazos" de Mazinger-z (la típica serie que veíamos cuando pequeños) para tratar de impresionarte. Eran todo cosas de niños pero lo que sentía era algo diferente, todas esas veces sentía una presión en el lado izquierdo del pecho que me mataba y me daba la vida por momentos, qué curioso. Si me enteraba que ibas al parque a jugar, me iba corriendo a casa, dejaba la mochila, pedía la merienda y casi ni la acababa por ir a jugar contigo al parque. En las colonias que hicimos en 6º, fui ya que era el último año, y ya no te vería más, y merecieron la pena. Me colé con el David en tu habitación, y la de Laura y Gemma, y después nos cayó una bronca tremenda, aún así de todo, merecieron la pena todas esas gilipolleces por "notarte" como más cercana al menos por un momento.
- Jajajaja, si te digo la verdad no me fijaba mucho pero había veces que te veía hacer alguna de esas cosas y pensaba que estabas loco (mientras seguía sin aguantar la risa).
- Pues sí, así era. Si era pesado era por eso. A partir de ahí, de terminar la primaria, la mayoría de la clase os fuisteis a un instituto y yo solo a otro. Fue un desastre mi vida a partir de ahí, como todos, yo también los tenía. Al principio no hablaba con nadie y la mayoría de gente tampoco se interesaba en hablarme, porque casi todos se conocían entre ellos menos yo. Nunca ligaba ni hablaba con chicas, fue una adaptación muy larga, la gente era muy diferente. Ya iba creciendo y como es normal el interés hacia las chicas crecía y era muy complicado y me alejaba de todos con mi música a otra parte, cambiando de estilos tontamente por intentar atraer. Nunca olvidaré aquella canción que me dejaba frente al espejo durante horas y que me aclaraba que tenía que aprender a vivir con mi rostro, que no me pasaba a la realidad de volar y de enamorar.
- Eres idiota, de verdad, pero sí eres totalmente normal...
- Antes igual sí, pero me fui perdiendo poco a poco, fui dejando de hablar con muchísima gente y ya me ponía nervioso y tartamudeando hablando con cualquier persona. Mi familia no tenía ni puta idea de lo que pasaba y bueno, cuando eramos más pequeños, la felicidad me podía llegar de otra forma pero a medida que crecía fui perdiendo las ganas por estudiar, por aprender y por mejorar y me estanqué, y sí, la verdad es que soy idiota, ¿qué le vamos a hacer?
- Bueno, pero todos pasamos por algo así, y aún así se supera.
- Claro, y lo he superado pero créeme que no es fácil vivir la mejor época de tu vida esperando 22 años hasta que te operen y puedas ser "normal", eso te jode la vida.
- No sé, yo siempre te he visto normal. Y yo también he pasado mis cosas, como lo de mi hermano o la pérdida de mi abuelo, engordé un montón de quilos y nadie me quería, no sé, aún así todo se supera.
- Sí, pero tú... tú eras normal ya, tú tenías tus ojos azules, esa mirada fija cuando hablas con alguien, esa sonrisa, el pelo y no sé, son muchas cosas que no cabrían en una conversación, por dentro siempre lo he pensado, eres magia. Cuando alguna vez no quería dormir salía al balcón a ver el cielo y pensaba en mis partidos de fútbol y en ti. Tú nunca perderías esa magia, porque te conozco, engordes o adelgaces, tú no eras igual a las demás. Podrías meterte en lo peor del mundo que siempre iría a sacarte sin pedir nada a cambio.
- Vaya, no sé qué decir...
- Si te digo la verdad, hace unos años, sin esperarlo, en una noche de reyes conocí a una chica que me hacía olvidar todo lo pasado, era como tú, pensaba que eras tú pasándote por ella en messenger. Pasé más de 4 horas hablando con ella solo la primera noche y deseaba volver a hablar, era un adicto. Yo creo que ella y tú sois dos chicas que no olvidaré aunque quién sabe... Dejé de hablar con ella y volví a recaer, desde entonces fui adicto a varias cosas, nada de drogas, pero con sus mismos efectos prácticamente, fui toda mi vida, hasta hace nada, un auténtico gilipollas. Me cuesta mucho reconocer las cosas pero es así. He perdido tantísimos años...
- ¿Qué has hecho? ¿Qué adicciones eran esas?
- No he hecho nada, es lo que ha pasado, no he estudiado nada, he estado día y noche pensando en mis tonterías, soñando en un mundo de "Yupi" cogido de la mano de ti. Estaba drogado buscando la felicidad a través de los sueños, dormía y soñaba, no hablaba y no me atrevía a soltar nada de lo que sentía a nadie, era todo una mierda. He sido un adicto a los vicios, a la mierda, por intentar ganar, perdí casi todo. Fui el único yonki y friki.
- ¿Y sigues igual? Porque yo te veo bien.
- Bueno, sigo pasando mucho rato mirándome enfrente del espejo, sigo dejando mis dedos en el teclado del ordenador quietos durante mucho rato, sigo escuchando horas y horas de música, sigo sin hablar mucho con la gente, sigo tocando las cuerdas de la guitarra, agarrándola como si fuera mi chica, sonando cada nota y aspirándola para después expirarla en forma de sonrisa o lo que sea y me encanta seguir pensando en una chica así, aunque nadie tenga ni puta idea de lo que tengo guardado en el pecho, el día que esa chica tenga que venir, tendrá una de las armaduras más fuertes en la faz de la Tierra, ese día todo cambiará, yo, ella, sin quererlo nos encontraremos, pero seremos grandes, estoy completamente seguro. Creo que es la cosa más segura que tengo, se sentirá como lo que es, lo mejor del mundo, algo extraterrestre. El día que ella me bese mientras sonría y le pueda limpiar con mis dedos esa lágrima de felicidad que baja por su mejilla, explotaré y explotará todo, aún así de ser un gilipollas. Ella será lo más grande y le escribiré algo mejor que todo esto que te estoy contando a ti.
- Bfff, no sé qué decirte, estás muy loco, no sabría como describirte.
- Vete a la mierda! jaja Yo sí sabría describirte... (mientras la miraba de reojo con cara de sospechar de ella). Yo te describiría como esa chica por la que cualquiera estaría toda la noche viendo las "lágrimas de San Lorenzo" tumbados en el césped del parque con una manta. Te veo como esa chica a la que iría a ayudar si tuviera frío, si estuviera mala o si tuviera un problema en Nueva Zelanda. Eres la compañera perfecta para viajar por todos los lugares que elijamos, sean donde sean. Esa chica que merece una cama tamaño americano, ese hidromasaje, esos masajes cada noche antes de ir a dormir, la que merece el desayuno en la cama, el amor todas las noches y la única que permitiría que me dijera pesado por poner esa misma canción 37 veces seguidas. Eres la única con la que se puede hablar como amigos, discutir como novios, jugar como niños y protegerse como hermanos. La única con la que recorrer con los dedos tu sonrisa, quedar mirando durante horas, sin duda la mejor casualidad. Yo te invito a ésta, ¿te parece si me das un abrazo y nos vemos mañana? (mientras notaba como se le mojaban esos ojos color celeste)
- Por supuesto que sí, mañana te veo, te vuelvo a dejar aquí mi móvil y que sepas que no hay otra persona, esta noche, ten claro que pensaré en esto. Gracias.
- Gracias a ti Sonia, estoy deseando que llegue mañana. (Mientras nos fundíamos en un abrazo de más de medio minuto).
Ella se fue y yo me quedé en el bar con la mirada perdida durante 5 minutos mientras los demás clientes me miraban cómo si estuviera loco, y la verdad es que sí, lo seguía estando.
Hoy es un día especial, diferente. Esta mañana me he encontrado a Sonia. Sonia era una antigua compañera del colegio con la que había hablado muy pocas veces pero cuando era pequeño estaba locamente enamorado de ella, no sé, supongo que serían cosas de niños.
Esa misma tarde había quedado con ella en un bar cercano a la costa de Barcelona. Después de un efusivo abrazo, nos dimos los teléfonos y decidimos hablar para quedar esa misma tarde y contarnos cómo iba todo.
17:00 de la tarde, habíamos quedado, y yo llegaba tarde mientras por dentro me remordía, pensando que para una vez que la veía podría haber sido más puntual. A eso de las 17:05 llegué al bar y ella no estaba, tardó unos 10 minutos, que se hicieron eternos, en llegar.
Nos dispusimos a entrar y pedir algo para tomar, ella su cortado y yo mi cerveza, acompañaban la conversación que llevaba esperando prácticamente toda la vida. Los dos con 24 años, y yo a punto de los 25.
Empecé la conversación con un:
- Bueno, pues aquí estamos, ¿no? ja... ¿qué tal, cómo estás, cómo han ido estos años?
A lo que ella respondió: - Bien, todo muy bien, la verdad es que no me puedo quejar. Cuántos años hacía que no nos veíamos, ¿eh?
- Pues sí, ya ves, hará por lo menos 10 o 12 años supongo, ¿no? (sabiendo perfectamente que aquella fiesta del colegio de los últimos días de junio del año 2005 fue la última vez que la vi)
- Pues sí, jaja. Bueno, ¿tú qué tal? Has cambiado mucho.
- Bueno, sí, la verdad es que ya hace mucho tiempo y sí, ya me operaron y ha cambiado mucho todo desde entonces. Yo todo bien la verdad, acabé la carrera de Turismo, tengo trabajo fijo y lo demás bien.
- Pues vaya, si que es verdad, todo cambia mucho, las vueltas que da la vida... ¿Te acuerdas de Pablo, mi hermano?
- Sí, claro, estará ya hecho un abuelete, ¿no? jaja
- Pues la verdad es que no lo sé, si te digo la verdad no lo sé, se juntó con un grupo de chicos de no muy buena pinta y está metido en la droga y a punto de morir, es una pena, era una referencia para mí, la perfección, pero no quiero saber más de él ni hablar sobre ello.
- Vaya, lo siento Sonia... Pero bueno si tú estás bien y tus padres también, es lo que cuenta. Si te digo la verdad, e-estás ca-casi más guapa que cuando eras so-solo una niña, jaja (tartamudeando de los nervios y de que todo latía muy rápido al sentir esa sensación de tenerla al lado otra vez).
- Jaja, gracias, yo sigo igual que siempre, no me he cuidado mucho, lo he pasado mal y tal pero todo se supera y aquí estoy, tú también estás muy guapo.
- Lo mío iba en serio jaja. No miento. No sabes las ganas que tenía de verte para decirte una cosa.
- ¿Qué cosa? -Miró extrañada ante la sorpresa que le esperaba.-
- Pu-pues, que a mí, cu-cuando e-era-mo-mo-s más pequeños, en primaria, pues co-como que me gus-gustabas, y bastante. -Le dije temblando más que un caribeño en pleno invierno en Siberia y sudando más que un Sueco en el Sáhara a la vez. Estaba muerto de miedo pero lo necesitaba.-
- Jaja, ¿de verdad? jajaja, estás loco.
- Pues sí, cuando íbamos a clase siempre me quedaba mirándote, siempre que pasabas por mi lado olía tu colonia, que siempre se me quedaba grabada todo el día, siempre pensaba que si respondía yo en clase a las preguntas de la profe te fijarías en mí. Cuando íbamos al patio y los chicos jugábamos a fútbol me ponía en la banda que estabas más cerca, corría 20 veces más y si jugabas el partido y ibas conmigo te la pasaba cuando podía y si ibas en contra, iba con el máximo cuidado para que no pasara nada. Si jugábamos al pilla-pilla siempre te defendía a ti para que no te pillaran y me sacrificaba a mí y sólo con tus gracias merecía la pena haber ido esa mañana al cole, era felicidad para todo el día. Para hacerme el "machito", "sacaba los brazos" de Mazinger-z (la típica serie que veíamos cuando pequeños) para tratar de impresionarte. Eran todo cosas de niños pero lo que sentía era algo diferente, todas esas veces sentía una presión en el lado izquierdo del pecho que me mataba y me daba la vida por momentos, qué curioso. Si me enteraba que ibas al parque a jugar, me iba corriendo a casa, dejaba la mochila, pedía la merienda y casi ni la acababa por ir a jugar contigo al parque. En las colonias que hicimos en 6º, fui ya que era el último año, y ya no te vería más, y merecieron la pena. Me colé con el David en tu habitación, y la de Laura y Gemma, y después nos cayó una bronca tremenda, aún así de todo, merecieron la pena todas esas gilipolleces por "notarte" como más cercana al menos por un momento.
- Jajajaja, si te digo la verdad no me fijaba mucho pero había veces que te veía hacer alguna de esas cosas y pensaba que estabas loco (mientras seguía sin aguantar la risa).
- Pues sí, así era. Si era pesado era por eso. A partir de ahí, de terminar la primaria, la mayoría de la clase os fuisteis a un instituto y yo solo a otro. Fue un desastre mi vida a partir de ahí, como todos, yo también los tenía. Al principio no hablaba con nadie y la mayoría de gente tampoco se interesaba en hablarme, porque casi todos se conocían entre ellos menos yo. Nunca ligaba ni hablaba con chicas, fue una adaptación muy larga, la gente era muy diferente. Ya iba creciendo y como es normal el interés hacia las chicas crecía y era muy complicado y me alejaba de todos con mi música a otra parte, cambiando de estilos tontamente por intentar atraer. Nunca olvidaré aquella canción que me dejaba frente al espejo durante horas y que me aclaraba que tenía que aprender a vivir con mi rostro, que no me pasaba a la realidad de volar y de enamorar.
- Eres idiota, de verdad, pero sí eres totalmente normal...
- Antes igual sí, pero me fui perdiendo poco a poco, fui dejando de hablar con muchísima gente y ya me ponía nervioso y tartamudeando hablando con cualquier persona. Mi familia no tenía ni puta idea de lo que pasaba y bueno, cuando eramos más pequeños, la felicidad me podía llegar de otra forma pero a medida que crecía fui perdiendo las ganas por estudiar, por aprender y por mejorar y me estanqué, y sí, la verdad es que soy idiota, ¿qué le vamos a hacer?
- Bueno, pero todos pasamos por algo así, y aún así se supera.
- Claro, y lo he superado pero créeme que no es fácil vivir la mejor época de tu vida esperando 22 años hasta que te operen y puedas ser "normal", eso te jode la vida.
- No sé, yo siempre te he visto normal. Y yo también he pasado mis cosas, como lo de mi hermano o la pérdida de mi abuelo, engordé un montón de quilos y nadie me quería, no sé, aún así todo se supera.
- Sí, pero tú... tú eras normal ya, tú tenías tus ojos azules, esa mirada fija cuando hablas con alguien, esa sonrisa, el pelo y no sé, son muchas cosas que no cabrían en una conversación, por dentro siempre lo he pensado, eres magia. Cuando alguna vez no quería dormir salía al balcón a ver el cielo y pensaba en mis partidos de fútbol y en ti. Tú nunca perderías esa magia, porque te conozco, engordes o adelgaces, tú no eras igual a las demás. Podrías meterte en lo peor del mundo que siempre iría a sacarte sin pedir nada a cambio.
- Vaya, no sé qué decir...
- Si te digo la verdad, hace unos años, sin esperarlo, en una noche de reyes conocí a una chica que me hacía olvidar todo lo pasado, era como tú, pensaba que eras tú pasándote por ella en messenger. Pasé más de 4 horas hablando con ella solo la primera noche y deseaba volver a hablar, era un adicto. Yo creo que ella y tú sois dos chicas que no olvidaré aunque quién sabe... Dejé de hablar con ella y volví a recaer, desde entonces fui adicto a varias cosas, nada de drogas, pero con sus mismos efectos prácticamente, fui toda mi vida, hasta hace nada, un auténtico gilipollas. Me cuesta mucho reconocer las cosas pero es así. He perdido tantísimos años...
- ¿Qué has hecho? ¿Qué adicciones eran esas?
- No he hecho nada, es lo que ha pasado, no he estudiado nada, he estado día y noche pensando en mis tonterías, soñando en un mundo de "Yupi" cogido de la mano de ti. Estaba drogado buscando la felicidad a través de los sueños, dormía y soñaba, no hablaba y no me atrevía a soltar nada de lo que sentía a nadie, era todo una mierda. He sido un adicto a los vicios, a la mierda, por intentar ganar, perdí casi todo. Fui el único yonki y friki.
- ¿Y sigues igual? Porque yo te veo bien.
- Bueno, sigo pasando mucho rato mirándome enfrente del espejo, sigo dejando mis dedos en el teclado del ordenador quietos durante mucho rato, sigo escuchando horas y horas de música, sigo sin hablar mucho con la gente, sigo tocando las cuerdas de la guitarra, agarrándola como si fuera mi chica, sonando cada nota y aspirándola para después expirarla en forma de sonrisa o lo que sea y me encanta seguir pensando en una chica así, aunque nadie tenga ni puta idea de lo que tengo guardado en el pecho, el día que esa chica tenga que venir, tendrá una de las armaduras más fuertes en la faz de la Tierra, ese día todo cambiará, yo, ella, sin quererlo nos encontraremos, pero seremos grandes, estoy completamente seguro. Creo que es la cosa más segura que tengo, se sentirá como lo que es, lo mejor del mundo, algo extraterrestre. El día que ella me bese mientras sonría y le pueda limpiar con mis dedos esa lágrima de felicidad que baja por su mejilla, explotaré y explotará todo, aún así de ser un gilipollas. Ella será lo más grande y le escribiré algo mejor que todo esto que te estoy contando a ti.
- Bfff, no sé qué decirte, estás muy loco, no sabría como describirte.
- Vete a la mierda! jaja Yo sí sabría describirte... (mientras la miraba de reojo con cara de sospechar de ella). Yo te describiría como esa chica por la que cualquiera estaría toda la noche viendo las "lágrimas de San Lorenzo" tumbados en el césped del parque con una manta. Te veo como esa chica a la que iría a ayudar si tuviera frío, si estuviera mala o si tuviera un problema en Nueva Zelanda. Eres la compañera perfecta para viajar por todos los lugares que elijamos, sean donde sean. Esa chica que merece una cama tamaño americano, ese hidromasaje, esos masajes cada noche antes de ir a dormir, la que merece el desayuno en la cama, el amor todas las noches y la única que permitiría que me dijera pesado por poner esa misma canción 37 veces seguidas. Eres la única con la que se puede hablar como amigos, discutir como novios, jugar como niños y protegerse como hermanos. La única con la que recorrer con los dedos tu sonrisa, quedar mirando durante horas, sin duda la mejor casualidad. Yo te invito a ésta, ¿te parece si me das un abrazo y nos vemos mañana? (mientras notaba como se le mojaban esos ojos color celeste)
- Por supuesto que sí, mañana te veo, te vuelvo a dejar aquí mi móvil y que sepas que no hay otra persona, esta noche, ten claro que pensaré en esto. Gracias.
- Gracias a ti Sonia, estoy deseando que llegue mañana. (Mientras nos fundíamos en un abrazo de más de medio minuto).
Ella se fue y yo me quedé en el bar con la mirada perdida durante 5 minutos mientras los demás clientes me miraban cómo si estuviera loco, y la verdad es que sí, lo seguía estando.
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