martes, 15 de julio de 2014
"Mi síndrome viajero" en Budapest
3 de Julio, hoy no es un día cualquiera, otra vez me voy de viaje al extranjero después de muchos meses.
Llego al aeropuerto y me dirijo a preguntar cuál era mi avión. Todos los pensamientos, olores, sabores y colores que tenía tan frescos en mi memoria empezaban a ser recuerdos difusos, formando una lluvia de lugares a los que querer volver una y otra vez. Necesitaba volver a perder la noción del tiempo y no saber en qué día estaba. Necesitaba que los domingos no fueran tristes pensando en cómo cambiar mi vida. Quería que todos los pensamientos fueran sobre el próximo avión, el próximo hotel, cuánto me podía ahorrar en comida y todo lo que me esperaría por delante. Qué me esperaría al bajarme del siguiente avión, del siguiente barco, del siguiente tren, del siguiente tramvia, etc. Lo mejor de estar lejos de todo lo que conozco es saber que a cada paso que dé, me espera algo totalmente nuevo. No tener un camino u horario aprendido en que me sé de memoria cada semáforo, cada tienda, cada esquina, hace que me fije en todo lo que me rodea y que esté alerta para no perderme nada. Es entonces cuando tengo la sensación de estar viviendo un momento único y que todo lo demás no importa. Reconozco que estoy enganchado a esta forma de vida. Estoy aquí, en este lugar ajeno a mi mundo, ahora, y puede que nunca jamás regrese. Tengo que saborear cada momento y guardarlo en el disco duro para recuperarlo en alguna ocasión en el futuro. No recuerdo qué pasó hace 3 semanas en un día cualquiera trabajando, pero quiero recordar que estuve aquí. A pesar de la cantidad de sitios en los que he estado, siempre me cuesta adaptarme al cambio. Nunca dejará de sorprenderme la capacidad de adaptación del ser humano. Reconozco que me siento extraño cada vez que me encuentro con españoles a miles de kilómetros de casa, es algo que hace perder la magia del lugar. Qué curiosa es la curiosidad. Siento que la gente me mira porque me paro a hacerle fotos a cosas que a ellos no les llama la atención. Es su día a día, para mí no, muchas de las cosas que veo son extrañas, cada cosa se merece un poco de mi tiempo en pensar sobre ello y dedicarle alguna foto. A la vez que me miran, me entra la risa, es todo tan extraño... Seguro que estando en Barcelona he mirado a alguien por hacerle una foto a cualquier cosa normal. Qué curiosa es la curiosidad, sobretodo cuando no pretende serlo. Hay muchas cosas que me cuestan de entender pero que siempre acepto. ¿Estar callado mientras nos sentamos todos juntos y cerca? Por algo será... La noche, la noche me engancha esté dónde esté. Por un lado, es muy parecida en todas partes y hace de pegamento para unir un sitio con otro, por otra parte, es como una máquina del espacio, un tanto peligrosa, por cierto, me lleva y me trae haciéndome soñar con otros sitios en los que quiero estar. Libertad y condena bajo la luz de colores. Cuando viajo intento no repetir destino ya que me quedan muchos sitios por estar y me va a faltar tiempo, bueno... y dinero. Aunque por otra parte, a muchos sitios quiero volver, dependiendo de cómo fue esa sensación anterior en ese lugar. Me encanta pensar que todo seguirá igual y que mi viaje será el mismo, pero eso no pasa, cada viaje es diferente. Después de cada viaje, cambias tú, cambian las personas, cambian las experiencias... Todos son buenos recuerdos aunque en su momento no lo fueran tanto. La necesidad de estar en tantos sitios hace que no tenga cuatro paredes a las que llamar hogar, y que te ata a una ciudad. No se necesita mucho tiempo para sentirse parte de ese lugar o puede ser que sea porque no me guste formar parte de algo por mucho tiempo, no lo sé... Estos días me levanté con un objetivo principal. Ver la puesta de sol tirado en el parque más grande de la ciudad, Varosliget. Sentirse libre es algo único y más con tranquilidad. Con tu bebida y comida al lado, estar tumbado descalzo es un auténtico placer después de haber recorrido tantos kilómetros a pie desde tu hostal. ¿Perder el tiempo haciendo eso? Bueno... Tenía tantas ganas que he llegado dos horas antes, pero aquí estoy, dejándome llevar. Cuando de repente, me voy un poco más al lado y veo a gente de todas las edades, ambos sexos, razas, culturas, etc. jugando a fútbol y me invitan a jugar. No tenía nada mejor que hacer. ¿Jugar a fútbol con gente de otras razas, de otras edades, que no hablan el mismo idioma? Por algo será... El fútbol es un idioma universal. Definitivamente, me encantó, me perdí la puesta de sol pero... ¿y qué importa? Mañana pienso repetirlo! Ir solo en un avión con espacio más que limitado, con otras 120 personas al lado, haciendo ruido, con un sillón que no se reclina bien y que hace ruido durante dos horas y media, bueno, habrá que pasar por ello. Sé que como plan suena fatal pero me gusta, me gusta vivir esto desde dentro. Cuando te pierdes, es cuando te pasan cosas y cuando conoces un país de verdad, te conoces también a ti mismo. España me gusta, es un país que echo tanto de menos como echo de menos esto cuando estoy allí. Para muchos estoy loco, soy inestable, irresponsable e imprudente. Ellos no pueden llevar esta vida, no la entienden, o no la quieren... Para otros, soy como un aventurero, porque ellos también han sentido alguna vez la necesidad de romper con su vida para hacer otras cosas. Ya habrá tiempo de asentarse, o no... Sí, quiero formar una familia, bueno, eso creo... lo que no sé ni dónde ni cuándo. Lo que sí sé es que seguiría viajando, pero con ellos. Les enseñaría todos estos sitios a los que siempre querré volver y descubriríamos otros nuevos juntos. Soñar despierto es una carga muy difícil de llevar. De alguna manera soy prisionero de mi ansia de libertad constante y eso no sé si es bueno o malo... Conozco personas que son felices trabajando en el mismo sitio desde hace 10 años, con su hipoteca, sus vacaciones en Menorca verano tras verano... No necesitan más, de algún modo, siento cierta envidia. Son felices con lo que tienen y... yo no lo soy tanto. No soy feliz en un solo sitio, ¿tendré que serlo en esa ciudad que no existe? Esa ciudad que consiste en todos los trozos de los sitios en los que he estado y los que me faltan por estar. Lo sé, no me aclaro... Comprar una botella de vodka para compartirla y después acabar dejándote casi todo el dinero en pasar esa noche soñada, por algo será. Ese hostal tan... tan... hace que sientas algo nuevo, conoces gente de medio mundo que apoya a uno u otro equipo en el mundial, conoces mejor a los extranjeros y los habitantes locales y por supuesto, las chicas y te hace cambiar la forma de pensar. En cada viaje hay presente alguna chica, esa parte humana que te hace sentir libre y que es tan parecida y distante a la vez mientras tú no lo esperabas. Conocer chicas de tantas partes del mundo mientras estás tú solo y que nadie te creerá, ¿para qué valdrá? Para mí, me lo quedo para mí. Quizás esas comidas sin horario en el parque y esa cita tan... "romántica" con aquella chica húngara valdrá la pena en un futuro. Esta vez no han sido solo dos ojos azules color mar y un pelo rubio como un candil. Este viaje ha dado mucho más.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
